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Trastorno obsesivo compulsivo en niños y adolescentes

El Trastorno obsesivo compulsivo en niños y adolescentes

 

 

No se conocen con exactitud las causas del Trastorno obsesivo compulsivo, pero si se sabe que hay una serie de factores que pueden contribuir a su aparición. Uno de esos factores es el aprendizaje familiar o educacional: de padres obsesivos, alguno de los hijos puede “aprender” a ser obsesivo.

 

Imaginemos a un padre hipocondríaco. Ante un dolor de cabeza, piensa y dice: “a ver si lo que tengo es un tumor”

Si es muy proteccionista, le dice a su hijo una y otra vez que tenga cuidado al cruzar la calle “a ver si te va a atropellar un coche”.

Si es muy perfeccionista, le dirá a su hijo que tiene que hacer los deberes a la perfección, además de ir diariamente a clase de inglés, a clase de piano y al final del día anotar en su diario, después de media hora de concentración, los fallos que haya podido tener. Los sábados será jornada de repaso de la semana, clases de tenis y ver una película en versión original…

Todo esto no quiere decir que los padres sean los acusantes del TOC en los niños, pero sí, que pueden transmitir ciertos miedos o pensamientos irracionales que, junto a otros factores, puedan hacer que el niño acabe desarrollando este trastorno.

 

Síntomas evolutivos o patológicos en los niños

Existen una serie de miedos evolutivos considerados normales a determinadas edades; por ejemplo, el miedo a la oscuridad es característico a la edad de4 a6 años. Otro temor característico es el de las heridas, sangre o inyecciones, sobre la edad de los 6 años. El miedo a la separación también es muy frecuente en estas etapas.

Cuando los miedos irracionales se prolongan en el tiempo, se viven con mucha ansiedad y empiezan a interferir en la vida cotidiana del niño, estaríamos hablando de fobias.

En cuanto a los rituales, hay una edad en la que también se consideran normales; por ejemplo, entre los 3 y los 6 años existen rituales típicos antes de irse a dormir, como querer beber agua, pedir que se les den varios besos antes de acostarse, tener colocada la habitación de determinada manera, las puertas del armario cerradas, querer que se les cuente un determinado cuento etc. todas estas conductas dan seguridad al niño.

También existen rituales de tipo lúdico como no pisar las baldosas por la calle o contar los peldaños al subir las escaleras. Hasta aquí, todo se puede considerar como rituales normales o evolutivos; se trata de síntomas transitorios asociados al desarrollo.

Por el contrario, los rituales o compulsiones obsesivos-compulsivos tienen como finalidad neutralizar un pensamiento, que está generando mucha angustia, miedo o ansiedad. En este caso, el niño se ve obligado a realizar ciertos comportamientos para prevenir algún supuesto daño o para reducir su malestar. Estas compulsiones interfieren de forma acusada en la vida del niño o adolescente.

 

El niño con TOC

El niño con un trastorno obsesivo compulsivo sufre de la misma forma que sufre el adulto. La única diferencia es que el adulto reconoce que sus obsesiones o compulsiones son excesivas e irracionales y en el niño no tiene porqué darse este reconocimiento.

Las obsesiones más frecuentes en los niños son:

–         el temor a contagiarse o contaminarse

–         el temor a que a un miembro de su familia le ocurra algo malo

–         el temor a la muerte

–         pensamientos relativos a la buena suerte y la mala suerte

En cuanto a las compulsiones, las más típicas a estas edades son:

–         lavarse repetidamente

–         repetir las acciones varias veces, hasta que consideran que “lo han hecho bien”

–         realizar comprobaciones una y otra vez

–         ordenar

–         acumular objetos, sin desprenderse de nada

 

Un caso real

Quiero relatar el caso de una niña de diez años que me impresionó, tanto por el objeto de la obsesión como por el sufrimiento constante que transmitía y padecía. Su obsesión era sufrir un infarto de miocardio. Tenía, como he dicho, diez años. Acudió a mi consulta acompañada por sus padres. Su padre era un afamado cardiólogo. Fue el padre el que tomó la palabra para explicar el problema de la niña. Me dijo que me había escuchado en la radio hablar sobre el problema obsesivo del perfeccionismo. Se había identificado con algunos de los ejemplos que puse. Me habló de su perfeccionismo para con él y para con sus hijos. La niña, con sus diez años hablaba correctamente el inglés y el francés porque además de las clases del colegio y particulares, los veranos la llevaban interna a Inglaterra y Suiza. Su idea era que cursase el bachillerato en Alemania. A continuación me habló de otros dos hijos, hermanos de la niña que también presentaban problemas obsesivos, con temas distintos, pero eso sí, todos ellos con el perfeccionismo incluido.

Volviendo a la niña y al relato del padre, éste siguió diciéndome que él por supuesto había pretendido ofrecer a sus hijos todo lo mejor para el presente y el futuro, pero que tal vez habría exagerado ofreciendo y dando demasiada información.

Comencé el tratamiento con la niña. El pavor al infarto lo venía sufriendo desde hacía un año. Me decía que de más pequeña habían sido miedos y pensamientos a no ser tan buena y aplicada como quería su padre. Después, y escuchando al padre hablar de los infartos de sus pacientes y de los síntomas que manifestaban, ella comenzó a pensar que a ella misma le podría ocurrir. Si tenía una molestia, por ligera que fuese, en el brazo izquierdo, al momento lo asociaba a un infarto inminente. Me decía que no hacía esfuerzos en los juegos, no corría como sus compañeros, evitaba ciertas comidas, eliminaba grasas, y un largísimo etcétera de las conductas que su padre, como cardiólogo, recomendaba a los pacientes que ya habían sufrido algún infarto.

 La gran inteligencia de la niña, la capacidad de captación, la valentía para superar las compulsiones, aunque el pensamiento persistiese; el deseo de no sufrir en vano; en definitiva,  el intento de luchar por ser feliz, hizo que esa niña superase su trastorno obsesivo-compulsivo y que hoy sea una persona feliz y sobretodo “libre”.

 

Diagnóstico precoz del TOC

El trastorno obsesivo compulsivo es un gran desconocido dentro de los trastornos de ansiedad. En muchas ocasiones, los padres se sienten desconcertados ante el comportamiento del niño y pueden describirle como “lleno de manías, con muchas rarezas y muy irritable”. También hay una tendencia a pensar que “son cosas de niños y que ya se les pasará…”

Es muy importante el diagnóstico y el tratamiento precoz de este trastorno ya que, si se trata a tiempo, el pronóstico es muy bueno, se evitará que interfiera en el funcionamiento normal del niño y se impedirá que tienda a la cronicidad.

Es fundamental la implicación y la colaboración activa de los padres en todo el proceso de tratamiento, de cara a una buena y rápida evolución.

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