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Trastorno narcisista de la personalidad y Trastorno obsesivo

Narcisismo es un sustantivo que proviene de Narciso, personaje mitológico célebre por su belleza.

Habiendo llegado Narciso un día al borde de una fuente, contempló su propia imagen reflejada en el agua y quedó prendado de sí mismo. Enloquecido al no poder alcanzar el objeto de su pasión, se fue consumiendo de inanición y melancolía hasta quedar transformado en la flor que en adelante se llamó narciso. Esta flor era para los antiguos símbolo de la muerte prematura.

En psicología, el narcisismo es un trastorno de personalidad que presenta una serie de características como son la autoimportancia, la exageración de logros alcanzados, las fantasías de éxitos ilimitados, la exigencia de admiración exterior, una autocomplacencia excesiva, y todo ello acompañado de un comportamiento arrogante. Si estas características, en algún momento decaen por circunstancias ajenas y no deseadas por quien padece este trastorno de la personalidad, el sufrimiento se hace insoportable tal como le ocurrió al personaje mitológico griego. Una circunstancia ajena a la voluntad puede ser una pequeña intervención quirúrgica. El sujeto siente una merma en su estética.

No hace mucho tiempo, un paciente que padecía este trastorno me contaba cómo su sufrimiento, que le había conducido a solicitar una baja laboral por depresión, se había hecho insoportable a raíz de una leve operación que le había dejado una cicatriz en la pierna. Desde entonces, él mismo se impedía mostrarse en público en playas o piscinas.

Naturalmente, quien no esté familiarizado en estos temas psicológicos puede considerar que son exageraciones de quienes relatamos estos casos o bien que aquél que padece un trastorno de este tipo es un sujeto superficial y carente de un mínimo de inteligencia. Nada de eso es así. Ni son exageraciones ni son sujetos superficiales, y por supuesto, la inteligencia está al mismo nivel e incluso, a veces, superior a la media de los individuos.

Es cierto que a veces estos casos pueden mover a la hilaridad a través de escritos, películas u obras de teatro. Por ejemplo, recuerdo la comedia de enredo de la literatura barroca: “El lindo Don Diego” de Agustín Moreto. O mucho más cercana la comedia de Carlos Arniches, “¡Mecachis qué guapo soy!”.

Sin embargo, todos sabemos que un trastorno psicológico del tipo que sea, hace sufrir a quien lo padece hasta límites insospechados. No es lo mismo una comedia sobre la muerte que la muerte en sí misma, que es una tragedia.

A veces coexisten dos trastornos psicológicos en la misma persona que son antagónicos y mantienen una lucha feroz entre ellos. Es el caso que a continuación voy a relatar.

Un joven, de unos treinta y pico años, agraciado físicamente, brillante en sus estudios y con logros académicos conseguidos.

En él, coexistían dos trastornos. Por un lado, el narcisismo; por el otro, el trastorno obsesivo, que tenía por objeto los escrúpulos de conciencia. Comenzó su relato diciéndome que ya de muy niño, tanto su madre como las amigas de ésta, comentaban frecuentemente que era guapísimo. Fui creciendo, me decía, con ese pensamiento y sensación de que era la belleza personificada. A partir de ese momento desarrolló una serie de hábitos que día a día fueron incrementándose, como pasar tiempo ante el espejo ensayando posturas en su rostro, tales como sonrisas, caras de asombro, miradas, formas de vestir, posición de corbata, manera de llevar la americana…en definitiva, ensayos continuos como quien tiene que representar una obra de teatro.

Por un lado, le satisfacía enormemente, pensar y “casi” creer lo que textualmente me dijo: “pienso que cuando voy por la calle levanto murmullos de admiración”.

Pero a la vez que sentía esa satisfacción por su estética, en el lado opuesto, comenzaba a emerger la sensación de rechazo; no sólo por el tiempo empleado en la preparación de su aspecto físico, al que había añadido controles en la alimentación y ejercicios en el gimnasio, sino por esos pensamientos obsesivos que aparecieron en su conciencia escrupulosa.

“Si voy caminando por la cale, me decía, y tengo que cruzar por un semáforo, me paro, naturalmente, hasta que esté en verde. Si hay una mujer a mi lado, esperando igual que yo para cruzar, pienso que si me mira se quedará extasiada y no querrá tener pensamientos  eróticos acerca de mi persona y para evitarlos puede cruzar precipitadamente la calle con el semáforo en rojo. Podría ser atropellada y yo sería el responsable del accidente”.

Por un lado, la satisfacción del narcisista. Por el otro, el tormento angustioso de la culpa del obsesivo. Es el narcisismo enfrentado al TOC.

Este paciente fue desarrollando compulsiones consistentes en comprobar que no era tan arrebatador como para inducir a un suicidio colectivo. La compulsión preferida y elegida para su autoconvencimiento era la siguiente: encender un cigarrillo, acercarse a una mujer o a un grupo de ellas y echarles el humo. Si no reaccionaban al primer intento, volvía a insistir hasta conseguir o bien que le llamasen de todo o bien que le diesen un bofetada. Ese era el momento álgido. Su conciencia se habría tranquilizado. No era tan guapo porque de haberlo sido; las mujeres, extasiadas, no habrían reaccionado con hostilidad.

Contado de esta manera, y así fue como sucedió, puede parecer cómico; sin embargo, la tragedia que esta persona vivía diariamente con sus pensamientos y sus rituales de comprobación, le hacían insufrible la vida misma.  Pensar  que para su tranquilidad tenía que ofender a unas mujeres a las que para nada desea causar ningún mal; saber que podía terminar en algún juzgado de guardia como alguna vez así fue y allí tener que explicar algo que no es entendible y sabiendo, además, que lo considerarían un perturbado mental, sin serlo; saber que a excepción de un profesional, no encontraría a nadie que le comprendiese. Y sobre todo, ese pensamiento interminable de que su problema era irresoluble porque si se veía tan arrollador, ¿cómo iba a dejar de verse así? Y si se veía de esta manera, ¿cómo podría eliminar de su conciencia ser causa de las desgracias de los demás? Sin embargo, se equivocaba en este pensamiento ya que estos trastornos, tanto el narcisismo como el trastorno obsesivo, bajo la guía de un especialista en psicología clínica, pueden solucionarse.

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