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Hipocondría: terror a la muerte y terror a la vida

Woman checking her pulse at wrist

 

 

Es difícil entender el terror que experimenta un afectado por este tipo de trastorno. Es vivir en una crisis de pánico permanente, es estar en una continua auto-observación y en una situación de alerta constante ante la aparición de cualquier síntoma físico.

En muchas ocasiones, el miedo a tener cualquier sensación física que se pueda interpretar como enfermedad, hace que se disparen síntomas de ansiedad y que se produzcan las somatizaciones que causan angustia y miedo. Se entra así en un círculo vicioso en el que el propio miedo a la enfermedad produce unas sensaciones físicas que, a su vez, se interpretan como enfermedad.

Recuerdo a aquel paciente que me contaba que durante varios meses estuvo durmiendo en su coche a la puerta de un hospital. Parece increíble que se pueda llegar a estos extremos, pero esa es la realidad.

Cuantas veces nos relatan en las historias clínicas estos pacientes que, ante la aparición de una simple molestia como puede ser un dolor de cabeza o una taquicardia, acuden de inmediato a urgencias para constatar que el dolor de cabeza no es un tumor y la taquicardia no es precursora de un infarto. Cuando el médico descarta categóricamente que esas molestias sean males mayores, al hipocondriaco le sirve el diagnóstico de alivio pasajero, porque irremediablemente y a continuación pensará que o bien el doctor no le ha examinado con rigor o que se ha equivocado rotundamente. Eso le hará buscar lo antes posible a otro médico para que vuelva a examinarle… y así una y otra vez.

En cierta ocasión, un paciente con este trastorno me decía que casi preferiría que le dijesen que tenía un cáncer de verdad y así poder tratarse del mismo, a estar en la permanente duda de si lo tendría o no lo tendría, porque eso le condenaría a estar de médico en médico y de hospital en hospital. Esta persona vivía en la capital de una pequeña provincia española y había visitado a médicos de casi todas las especialidades: internistas, oncólogos, cardiólogos, urólogos etc. hasta el punto de que ya era conocido por todos ellos y de inmediato le daban un tranquilizante en el momento en que hacía su aparición.

Pero así como hay hipocondriacos que requieren constantemente la presencia del médico, hay otros en los que se produce lo contrario y rechazan esa presencia y cualquier tipo de pruebas por miedo a confirmar sus sospechas más temidas. Ante algunas revisiones que se tienen que hacer algunas personas que por su profesión y cualificación así lo requieren, aquel que padece este trastorno psicológico, comienza a sufrir desde el instante en que se anuncia la fecha de la revisión médica. Es el sufrir minuto a minuto y el día a día, sin tregua alguna.

 

Diagnóstico y tratamiento de la hipocondría

Los pacientes hipocondriacos suelen tolerar mal que se les derive a tratamiento psicológico ya que, como hemos dicho antes, cuando el médico descarta que exista una enfermedad física, se produce un alivio momentáneo; pero el convencimiento que tienen de que algo en su organismo no funciona bien, les hará resistirse en un primer momento a reconocer que lo que tienen es un trastorno psicológico.

El tratamiento cognitivo conductual irá enfocado a modificar y eliminar una serie de interpretaciones y conductas nocivas, como son: la preocupación exagerada por el estado de salud, la focalización continua en cualquier síntoma físico, la interpretación catastrofista de las sensaciones corporales, las visitas continuas a los centros de salud, el hablar detalladamente de sus síntomas, el informarse detalladamente a través de enciclopedias, libros o Internet de los síntomas y tratamientos de su supuesta enfermedad etc.

 

Como en todos los trastornos, pueden existir distintos grados de gravedad y aunque la persona con hipocondría, en muchas ocasiones, pueda ser objeto de burlas o bromas por parte de su entorno más próximo, hay que tener en cuenta que puede tratarse de un trastorno grave e incapacitante, tanto por el sufrimiento que genera en la persona, como por las complicaciones que puedan derivarse de él. Las relaciones sociales, familiares, y de pareja pueden verse muy deterioradas ya que por el componente obsesivo y por la tendencia a estar continuamente hablando de dolencias, síntomas y enfermedades se suele producir un efecto de “agotamiento” por parte de dicho entorno. La vida laboral también se suele ver afectada debido a la gran cantidad de ausencias por bajas laborales y visitas al médico. La ansiedad y el estado de ánimo deprimido también  suelen estar asociados a este trastorno.

En definitiva, la calidad de vida de las personas que sufren de hipocondría, puede acabar muy deteriorada; por lo que el diagnóstico y tratamiento psicológico de forma temprana evitará mucho malestar y sufrimiento a la persona.

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