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Repercusión de las noticias violentas en distintos trastornos psicológicos

Las noticias impactantes y violentas pueden hacer que nos volvamos más ansiosos y temerosos, pero ¿en qué medida pueden afectar a personas que estén sufriendo un trastorno psicológico?

Estamos recibiendo en la actualidad noticias que nos sobrecogen en el día a día. Muertes, masacres, tragedias y un sinfín de acontecimientos basados en influencias religiosas, políticas y de cualquier otro tipo. En personas que sufren algún tipo de trastorno psicológico, estos sucesos incrementan en gran medida el grado de sufrimiento, malestar y aislamiento en el que están viviendo.

Veamos a continuación estas alteraciones en individuos que padecen fobias, depresiones, trastornos obsesivos o cualquier tipo de dependencia.

Las fobias son miedos irracionales a algo en concreto. Entre las que más condicionan la vida de aquellos que la padecen, están las agorafobias, que consisten en miedos profundos e intensos a los espacios abiertos o de difícil escapatoria. Ese miedo intenso y desequilibrado no sólo aparece ante la situación en sí, sino que es previo, debido al análisis mental que la persona realiza a medida que se acerca el instante del acontecimiento. Por ejemplo, una persona agorafóbica que por circunstancias determinadas, tenga que acudir a una cafetería en un extremo de su ciudad, pensará en cómo va a poder caminar, si, como es habitual en ella, se encontrará con falta de aire, sudores y taquicardias. A la vez ese pensamiento se hará más persistente y le conducirá a “rumiar” que podrá tambalearse y caer al suelo. Sin embargo, existirá en ella un cierto alivio cuando piense que la gente de su alrededor le podrá ayudar a levantarse y a caminar. Muy en el extremo, este pensamiento podrá servirle de ayuda para iniciar el camino y llegar a la cafetería. Sin embargo, los acontecimientos trágicos que con frecuencia vivimos actualmente, harán su aparición en la mente del agorafóbico. Pensará que ocurrirá una tragedia. La gente correrá de un lado a otro de las calles. Todos intentarán protegerse y nadie acudirá en su ayuda. Ese temor añadido a su trastorno ya incapacitante, le hará probablemente aislarse aun más en la cárcel de la agorafobia.

En personas depresivas, las circunstancias externas también tienen una gran influencia. A su sentimiento trágico de la vida, a su falta de ilusión, a esa oscuridad persistente en la que no vislumbra nada de luz, a esa desesperanza continuada en la que no aparece un resquicio de alivio, sólo allá en la lejanía, puede percibir una mínima tranquilidad, no para él sino para los suyos. Posiblemente sus hijos puedan un día vivir de manera diferente a como él ha vivido. No obstante, este sentimiento de mínima tranquilidad queda roto de inmediato, ante la noticia de que en un lugar del planeta, se han producido unas muertes violentas y sin sentido alguno, ocasionadas por alguien que con una mente desequilibrada ha querido convertirse en juez supremo sentenciando a muerte a un grupo de gente que en ese momento se encontraba en el lugar elegido por el autor de la masacre.

El depresivo, ni siquiera ya podrá sentir el pequeño alivio de que tal vez los suyos, sus hijos, podrán tener una vida menos tormentosa que la que ha tenido, tiene y tendrá él…

Respecto al trastorno obsesivo compulsivo, hace poco un paciente me manifestaba lo siguiente: “después de los últimos atentados en París, empecé a pensar que los terroristas estaban en mi ciudad dispuestos a atentar en cualquier momento. Por supuesto, lo más probable es que me tocase a mi… empecé a evitar el metro, centros comerciales, calles transitadas, exposiciones… a su vez empecé a realizar ciertos rituales para poder librarme de ese ataque inminente”

El análisis del paciente obsesivo carece de objetividad. Es subjetivo y pesimista hasta los extremos más insospechados. La aguja en el pajar la encontrará el obsesivo pero porque se le clavará. Eso le dirá su pensamiento persistente y pesimista. Todo es posible en la vida, pero para el paciente obsesivo lo posible se convertirá en muy probable.

Y aquellos que padecen cualquier tipo de dependencia a lo que sea, dejarán de luchar para superar dicha esclavitud, apoyándose en el pensamiento absurdo del “qué más da,  si este mundo no tiene solución. ¡Para  qué luchar!”

Se puede luchar y se puede vivir desde la racionalidad del pensamiento, pero muy difícil lo tienen aquellos que por sus trastornos psicológicos se ven impedidos de alcanzar una objetividad de los hechos.

No obstante, esa objetividad es alcanzable. Cualquiera que sufra este tipo de trastorno, con la ayuda de un tratamiento psicológico adecuado, podrá superarlo.

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