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Trastornos psicológicos asociados a la fobia social

Social phobia

Un alto porcentaje de pacientes diagnosticados de fobia social, suele presentar otro trastorno psicológico asociado. El término “cormobilidad” se utiliza para describir la coexistencia de una o más patologías o trastorno psicológico, además del trastorno primario. Veamos algunos ejemplos.

Fobia social y abuso de alcohol.

Frecuentemente nos encontramos con el caso del fóbico social que recurre al alcohol en un intento de superar la angustia social. La persona empieza a ingerir alcohol en reuniones sociales, con lo que, de esta manera, logra desinhibirse en un primer momento. En estos casos, el alcohol puede disminuir las conductas de evitación. Pero hay que tener en cuenta que el alcohol tiene un efecto bifásico. La persona se puede sentir mejor durante el primer par de horas después de beber, lo que facilita el volver a consumir, pero la disforia posterior hace que al final se sienta peor. Este malestar inducido por la bebida excesiva puede “alimentar” más la fobia social.

Recurrir al alcohol puede reducir tensiones ansiedad, pero solo temporalmente, teniendo la persona la necesidad de nuevas tomas, lo que puede ser la puerta de entrada a la dependencia. De aquí se deduce la necesidad del diagnóstico precoz de este trastorno.

Fobia social y depresión.

Debido al aislamiento social y a la incapacidad que produce este trastorno, en muchos casos lleva asociado un trastorno depresivo. De hecho, pacientes con fobia social cuando acuden por primera vez a la consulta y se les pregunta por el motivo por el que vienen, manifiestan estar deprimidos.

Es muy habitual que se presenten simultáneamente ambos trastornos. Una persona que presenta problemas para iniciar y mantener una interacción social y amistades, que cuando está con gente teme hacer el ridículo, ser criticado o “parecer tonto”, perder el control o sufrir un ataque de pánico, lo lógico es que acabe desarrollando un trastorno depresivo.

También puede ocurrir lo contrario; es decir, que una persona padezca una depresión y se aísle socialmente. Por ello es muy importante hacer un buen diagnóstico diferencial, para saber si el trastorno es primario o secundario, de cara a establecer el tratamiento adecuado.

Fobia social y trastorno obsesivo compulsivo

En ocasiones, el trastorno obsesivo compulsivo puede desembocar en una fobia social. El paciente puede empezar a aislarse socialmente para realizar sus rituales por miedo a hacer el ridículo y a la crítica de los demás. A veces, las compulsiones son tan extravagantes, como por ejemplo realizar movimientos bruscos con la cabeza para evitar malos pensamientos, que evitan cualquier contacto social, llegando a veces a un aislamiento absoluto. En estos casos, una vez tratado el trastorno obsesivo, la fobia social tiende a remitir por sí sola.

De nuevo, es fundamental hacer un buen diagnóstico diferencial. Un paciente con obsesiones respecto al contagio y la contaminación puede evitar estar con gente, entrar en una cafetería o en el metro y en este caso, no tendría nada que ver con un problema de fobia social.

Trastorno dismórfico corporal y fobia social

El trastorno dismórfico corporal (antes llamado dismorfofobia) consiste en la preocupación excesiva y exagerada por un defecto físico real o imaginario; dicho defecto suele ser prácticamente indetectable para los demás.

El malestar psicológico que produce este trastorno es tan significativo que la persona tiende a aislarse y a evitar exponerse en público por el temor a la crítica, a la humillación y a sentirse observado, produciéndose en muchos casos un trastorno de ansiedad social.

Fobia social y ataques de pánico

La ansiedad anticipatoria juega un papel muy importante en la fobia social. Una persona con este problema, por el simple hecho de pensar en que al día siguiente tiene que enfrentarse a una determinada situación (Ej. una comida de trabajo), puede desarrollar una serie de síntomas físicos y cognitivos intensos de miedo, que le lleven a tener un ataque de ansiedad. Son ataques de pánico predispuestos por situaciones, en este caso sociales, que actúan como agente disparador de estas crisis.

También podría ocurrir a la inversa,  que una persona con crisis de pánico recurrentes e inesperadas, comience a evitar situaciones sociales e interacciones con los demás, por miedo a “hacer el ridículo”, sentirse observados, o a que los demás perciban su problema.

La fobia social, al ser de evolución prolongada y al tener un porcentaje muy alto de cormobilidad con otros trastornos psicológicos, puede resultar muy grave e incapacitante para la persona que lo padece. La asociación con otras psicopatologías suele empeorar el pronóstico. Por todo ello, es imprescindible buscar ayuda cuanto antes con profesionales especializados en este tema.

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  1. 26/06/2017 en 08:03

    Me ha gustado,porque aborda aspectos del problema poco conocidos. Síntomas que se achacan a otros motivos, por desconocimiento
    Interesante

    Me gusta

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