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Alcoholismo y celos

Alcoholismo y celos

Dentro de las más variadas definiciones del alcoholismo, vamos a quedarnos con la que lo define como trastorno producido por la ingesta exagerada  de alcohol que como consecuencia, conduce a una dependencia física y psicológica del mismo.

Jellinek en los años sesenta, clasificó el alcoholismo en cinco apartados, basándose en las cinco primeras letras del alfabeto griego: Alfa, Beta, Gamma, Delta y Épsilon; si bien, solamente etiquetó como enfermedad, apoyándose en la dependencia física y psicológica, el alcoholismo gamma y delta. El gamma es aquel bebedor no diario, que alterna bebidas alcohólicas diversas como puede ser vino, cerveza, ginebra, vodka etc. y que siempre, en los espacios de abstención, presenta un síndrome de abstinencia física que se manifiesta en forma de temblor, arcadas, vómitos, diarreas o mareos, entre otros. El delta  es el bebedor diario. En él no concurren, como en el gamma, espacios temporales de abstención. Bebe todos los días y además suele ser la misma bebida alcohólica. Como en el anterior, si por las razones que fuesen, existe algún acontecimiento que le impidiese consumir, sufriría el mismo síndrome de abstinencia con idénticas manifestaciones físicas, que en el caso anterior.

Cuando una persona alcohólica acude a consulta con el fin de ponerse en tratamiento, se suelen presentar dos situaciones. La primera de ellas es, que desde el inicio de la entrevista se defina a sí mismo como enfermo alcohólico. Esta postura es la menos frecuente. La más habitual es aquella otra en la que se manifiesta con la duda: “no se si soy alcohólico porque yo, si me lo propusiese, podría dejar de beber. Vengo aquí ya que mi mujer me ha dado un ultimátum diciéndome que, o dejo la bebida, o la relación se acaba; pero yo creo que no tengo problema con el alcohol”. Si es sincero en el planteamiento, caben dos opciones por parte del profesional. Una de ellas, es presentarle un cuestionario, como puede ser el dela Universidad de Johns Hopkins que consta de 20 preguntas. Algunas de estas preguntas son:

-¿Es la bebida causa de ausencia en su trabajo?  

-¿Bebe Vd. hasta el punto de afectar a su reputación?

-¿Ha experimentado alguna vez remordimientos después de haber bebido?

– ¿Se olvida del bienestar de su familia cuando bebe?

– ¿Se siente obsesionado por el deseo de beber a ciertos momentos del día?

-¿Han disminuido sus aptitudes desde que bebe?

Según este Cuestionario, tres ó más respuestas afirmativas indican que existe un problema con el alcohol.

Aunque los cuestionarios son bastante indicativos, existe otra opción por parte del profesional más contundente, que consiste en preguntar al paciente que bebida alcohólica es más habitual en él. Si, por ejemplo, dijese el vino se le puede poner la siguiente prueba: “Cuando salga a la calle, tómese un vasito de vino; a continuación en el mismo bar, pida un segundo vino. A la media hora y en un bar distinto, otro vinito; a partir de ahí, ya no beba nada de alcohol en todo el día. Si lo consigue, sin ningún tipo de esfuerzo, usted no parece presentar un problema de alcoholismo. Si no lo consigue, o tiene que hacer un auténtico esfuerzo para no seguir bebiendo, tiene usted un problema serio con el alcohol.”  Al alcohólico, cuando comienza a beber, le cuesta parar. Lo conseguirá tal vez un día, o dos, o tres pero no más. El peligro siempre es empezar a consumir, ya que existe una incapacidad para poder parar una vez que se ha ingerido una dosis moderada de alcohol.

Celos en el alcohólico

Existen una serie de trastornos inducidos por el alcohol como pueden ser: trastornos del estado de ánimo, trastornos de ansiedad, trastornos del sueño, trastornos sexuales etc.

Nos vamos centrar aquí en el tema de la celotipia alcohólica, por las repercusiones y el sufrimiento que conllevan. En el alcoholismo crónico, el tema de los celos es un rasgo bastante común.

La celotipia son las dudas y sospechas respecto a la fidelidad de la pareja. Estas dudas, pueden ser en un principio ligeras y pasajeras y convertirse con el paso del tiempo en firmes, permanentes y a veces, desgraciadamente, en violentas.

Tengamos en cuenta que el consumo excesivo de alcohol, puede producir una impotencia sexual o al menos, una disminución de la libido. Pensemos también que el alcohólico llega a abandonarse en su aspecto físico y lo que es más grave, en su más elemental higiene personal. Hay una falta de diálogo porque la mayor parte de las veces, el alcohol le impide mantener una conversación coherente. Existe un malestar continuo familiar, tanto en la pareja, como en los hijos. Pueden aparecer problemas económicos y laborales. A veces, desaparición del hogar hasta altas horas de la madrugada… en definitiva, se produce un deterioro en la convivencia.

De todo esto, la persona con un problema de alcoholismo es consciente y piensa, en sus momentos lúcidos, que no puede dejar de beber aunque diga y mantenga de cara a los demás, que puede controlarse y dejarlo cuando quiera. El sabe o al menos así lo cree, que lo suyo no tiene solución.

En esta situación y en los momentos de sobriedad, aparecen sus dudas. “Soy un desastre; apesto a alcohol; sucio; siempre mintiendo; impotente; doy asco a mi pareja; problemas constantes en el trabajo. Siendo así, ¿por qué me soporta mi mujer?, ¿será que hay otra persona en su vida? Seguro que sí. Me comparará con otros y siempre saldré perdiendo. Busca su felicidad fuera de mí…”

Más o menos estos son los pensamientos que en un principio pueden aparecer en la persona alcohólica, para ir convirtiéndose con el paso del tiempo en pensamientos reiterativos y permanentes, que incidirán en reproches, violencia verbal e incluso a veces, física.

En cualquier manual de psicología o psiquiatría que trate el problema del alcoholismo, el trastorno de la celotipia asociada al alcohol, aparece como uno de los más significativos  por las consecuencias que origina, tanto en el paciente como en su pareja.

Por supuesto, no podemos dejar de mencionar las consecuencias físicas que puede producir el alcoholismo crónico, desde alteraciones hepáticas, a trastornos digestivos, problemas cardiacos, problemas respiratorios, Síndrome de Wenicke-Korsakoff y un largísimo etcétera; pero aquí nos hemos querido centrar en el tormento psicológico que vive día a día, tanto la persona alcohólica como su pareja cuando se desatan estos celos patológicos.

No queremos terminar este artículo, sin enviar un mensaje de esperanza a todos aquellos que sufren este mal. Superar, para siempre, el alcoholismo no es difícil; solo se requieren dos cosas: que el alcohólico quiera dejar de beber y que deje de beber. Para conseguir esto último, necesitará la ayuda psicológica de un profesional especializado en este tema. El alcohólico con un tratamiento adecuado alcanzará el objetivo que no es otro que el ya dicho: ¡dejar de beber!

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  1. Gustavo
    27/06/2016 en 00:57

    Que buenos articulos

    Me gusta

  2. 06/11/2016 en 06:22

    está muy bueno el artículo pero yo no quiero dejar de beber, solo quiero beber menos 😦

    Me gusta

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